Edadismo, en primera persona (I).
Edadismo, en primera persona (I).
Después de haber bregado durante más de 25 años de mi propia vida laboral contra una Administración hostil, genera cierta ternura estar en el otro lado de la barrera y ver como los jóvenes se enfrentan a su primer trámite administrativo.
Es fácil reconocerlos. Se mueven
desconcertados mirando a su alrededor como si entraran en un parque de
atracciones (¿os acordáis de la Casa de los Horrores?), no queriendo perderse
nada (ni un cartel, ni un mensaje en un monitor) y con estupor y cierto miedo
en el rostro. Algunos lo afrontan abiertamente ilusionados tratando de
empaparse con todo lo que les dices, con todo lo que haces. Otros, sin embargo,
absolutamente desconcertados no atinan ni a firmar un documento de solicitud.
Todos ellos bastante nerviosos, impacientes e incapaces de prestar atención a
tus palabras. ¿Es que no quieren que les ayudes? Es fácil perder la paciencia
con estos jóvenes adultos y, al igual que ellos, impacientarte. El diagnóstico
es fácil y la solución, al menos sobre el papel, también lo es: paciencia,
serenidad y algo de mano izquierda. Recuerda que todos fuimos uno de ellos en
algún momento.
JCab’22.
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