Machismo, en primera persona

 Machismo, en primera persona

Desde mi ventanilla de servicio directo al público, soy testigo del paso de una buena representación de nuestra sociedad diversa. Son mayoría las mujeres que se acercan hasta el Registro para realizar una diversidad de trámites, tanto en nombre propio como en el familiares y conocidos.

Este ha sido, quizá, el texto más difícil de los cinco que he preparado sobre el tema de la discriminación administrativa desde mi punto de vista. La Administración se esfuerza en ser igualmente competente (o incomp…, vaya, pero qué digo) y dar servicios equivalentes a todos los ciudadanos. Es decir, ser rigurosamente igualitaria, lo que implica ser «feminista». Tan solo en los últimos años, y no sin cierta resistencia, se ha empeñado en «aplicar una perspectiva de género» tratando de dar cabida al concepto de equidad en ayuda de los menos privilegiados en contraposición a la simple igualdad. Por la propia naturaleza de mi unidad, en el Registro General, esta perspectiva de género NO es aplicable: damos servicio a todas las personas y les ayudamos en función de sus necesidades y de nuestras capacidades.

¿Estamos entonces libres de machismo? Ay, ay, ay. Sin duda, con toda seguridad, sí estamos lejos de un machismo directo, pero analizando el caso en detalle no me atrevería a asegurar que no existan formas inconscientes o indirectas más escondidas:

  • Como ya he dicho son más las mujeres que se acercan a nuestro servicio que los hombres. Las razones pueden ser diversas, pero definitivamente incluyen que se cargan con la responsabilidad de la crianza de los hijos y del cuidado de los mayores. Los trámites que tienen que ver con estos temas (que son los más abundantes), son llevados mayoritariamente por ellas. El resultado es que son ellas las que piden días libres, o vienen y van corriendo haciendo múltiples diligencias y gestiones, acompañadas en ocasiones de algún infante. ¿Es esto achacable al servicio de Registro? No; y sin embargo no deberíamos abstraernos de este hecho.
  • Las mujeres son, ciertamente, más comunicativas que los hombres; quizá porque estén más acostumbradas al trato, hayan aprendido a sociabilizar de una forma más abierta o no tengan miedo (o estén más habituadas) a cierta clase de vergüenza o exposición pública. Sea como sea, el servicio de atención que les damos es distinto, más completo (quizá), más prolongado, más exhaustivo, que en el caso de los hombres. ¿Será ésta una forma de «machoexplicación» (perdón por el palabro, propuesta de la fundeu para el anglicismo «mansplaining»)? Personalmente creo que no. No es lo mismo ser exhaustivo que condescendiente, y no será condescendencia cuando dicha información es solicitada. Pero dejo la pregunta abierta.

Bueno, espero no haberme embarrado demasiado. Agradeciendo análisis posteriores más profundos y concienzudos, un saludo JCab’22.

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