Edadismo, en primera persona (I).
Edadismo, en primera persona (I). Después de haber bregado durante más de 25 años de mi propia vida laboral contra una Administración hostil, genera cierta ternura estar en el otro lado de la barrera y ver como los jóvenes se enfrentan a su primer trámite administrativo. Es fácil reconocerlos. Se mueven desconcertados mirando a su alrededor como si entraran en un parque de atracciones (¿os acordáis de la Casa de los Horrores?), no queriendo perderse nada (ni un cartel, ni un mensaje en un monitor) y con estupor y cierto miedo en el rostro. Algunos lo afrontan abiertamente ilusionados tratando de empaparse con todo lo que les dices, con todo lo que haces. Otros, sin embargo, absolutamente desconcertados no atinan ni a firmar un documento de solicitud. Todos ellos bastante nerviosos, impacientes e incapaces de prestar atención a tus palabras. ¿Es que no quieren que les ayudes? Es fácil perder la paciencia con estos jóvenes adultos y, al igual que ellos, impacientarte. El diag...