Xenofobia, en primera persona.

 

Xenofobia, en primera persona.

Desde mi ventanilla de servicio directo al público, soy testigo del paso de una buena representación de nuestra sociedad diversa. Por una simple cuestión de competencias, al Ministerio llegan sobre todo personas procedentes de otros países, migrantes que solicitan la equivalencia de sus estudios con los propios del sistema español.

La homologación de títulos extranjeros es, con diferencia, el trámite más frecuente por el que se acercan los ciudadanos hasta mi unidad de Registro. ¿Y quién estudia en el extranjero? Vaya, mayormente los extranjeros (¡premio para mí!). No es desdeñable, sin embargo, el pequeño porcentaje de nacionales expatriados o de aquellos que han decidido diversificar los estudios de sus vástagos.

Encontramos entonces una mezcolanza de procedencias geográficas y extractos sociales que va desde los refugiados y apátridas (que los hay, sí, los hay) que vienen sin documentación y un pobre conocimiento del idioma hasta estudiantes de exclusivas universidades extranjeras (en este caso suelen venir sus madres, no ell@s), de alto nivel económico y educativo.

  • Y aquí llegamos al quid de la cuestión. Siendo las personas de origen extranjero mayoría, no tiene razón de ser tratarles de una forma distinta (o peor, peyorativa, discriminatoria, …) ya que, de hecho, son el principal motivo y justificación de nuestro trabajo. Ahí la primera razón.
  • La segunda, que tratando a los ciudadanos (ojo, a cualquiera) con amabilidad y respeto te devuelven, por mi experiencia, amabilidad y respeto. Todos queremos llegar a casa de buen rollo y libres de estrés, por lo que, a ser posible, trata a tus clientes con amabilidad y respeto (palabras mágicas). Así lo hacemos en mi unidad y recibimos sonrisas y buenas palabras (y alguna chocolatina, confieso) de vuelta.
  • La tercera, que las personas de origen extranjero son más cordiales, mejor educadas y en ocasiones cariñosas, con diferencia, comparadas con las de origen nacional. Lamentablemente debo decir que las malas formas y las palabras groseras, las exigencias e incluso las amenazas proceden de nuestros (no tan) amables compatriotas. No lo solemos verbalizar en la unidad, pero en ocasiones nuestras miradas parecen decir «encárgate tú de este señor, que viene como un Miura».

Que tome nota quién se sienta aludido. JCab’22.

Comentarios

  1. Muy bien explicado y estoy de acuerdo contigo, normalemente si vas de buen rollo obtienes buenos resultados. Ánimo en tu trabajo. Saludos cordiales.

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